Tierras de Penumbra

Drama convertido, tras haber sido telefilm y luego obra de teatro, en película dirigida por el británico Richard Attenborough en 1993 y protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger. Fue nominada a los Óscar y ganadora de varios premios BAFTA. Se basa en la vida del escritor C. S. Lewis, célebre autor de Las crónicas de Narnia, y sus reflexiones tras la muerte de su esposa, Joy Davidman, que él mismo recogió en otro de sus libros: Una pena en observación.

La historia, bastante clásica y predecible en sus formas, trata sobre la diferencia entre defender una filosofía de vida desde la comodidad de la «teoría» y pasar a asumirla en la práctica, haciendo frente a vivencias y experiencias personales reales. Concretamente se habla sobre el significado del sufrimiento y la muerte en nuestra vida, a raíz del drama que sufre Lewis al morir su esposa, pareciendo indicar que ambos van ligados y no nos queda otra que aceptarlo.

Como curiosidad, el personaje antagonista Christopher Riley parece «retratar» al que fuera amigo de Lewis, J.R.R. Tolkien. Quizá se ha hecho este cambio para no tratar el asunto de que, aunque Tolkien animó a Lewis a convertirse al cristianismo, no aprobó su matrimonio con una mujer casada y su permanencia en la Iglesia Anglicana, en vez de la Católica. La relación de Lewis con su esposa resulta algo fría, porque parece basarse más en un atractivo intelectual entre ambos.

La historia del alumno de Lewis quizá está ahí para tratar de resaltar un aumento en su capacidad de empatía tras haber pasado por la experiencia de la muerte de su mujer. El personaje de ella tampoco me resulta tan atractivo como le parece al protagonista, igual que las escenas más lacrimosas no han llegado del todo a conmoverme.

Me identifico en parte con el protagonista, pues en mi propia vida también he sido excesivamente idealista, construyéndome castillos en el aire, y recuerdo, al topar con la realidad y sufrir el desamor, lo insoportable que resulta en ese momento el amigo que, con buena intención pero mal tacto, pretende consolarte 🙂

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